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Japón 2017: Tōkyō cotidiano

Abril 2017. Pleno hanami, allí estábamos, en medio de Tōkyō y el primer shock cultural para un occidental (además del idioma) es el excesivo orden, limpieza y respeto. Me impacta de la misma manera que me impactó hace 12 años. La ciudad abruma por su tamaño pero gracias a su orden, la misma es transitable.

Chiyoda-ku

Tōkyō con su región metropolitana es un país. Tiene una población similar a la de Chile concentrada en 2000km2.
Uno imaginaría un caos pero nada está fuera de lugar, no se va a escuchar gente gritando ni insultando por cualquier cosa, tampoco he escuchado bocinazos en todo el tiempo que estuvimos en la ciudad.

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No van a encontrar un papelito tirado. Bueno, por ahí una colilla de cigarrillo si le ponemos real empeño. Las veredas o el piso de las estaciones están limpios como un espejo porque generalmente hay una persona repasando el trapo hasta que el mismo quede reluciente. Está ese concepto de hacer las cosas bien porque es el trabajo de uno y es para el bien de todos/empresa (o razón) que guste.

Uno pensaría que con el tamaño de la ciudad, el tránsito sería insufrible como a lo que estamos acostumbrados pero se ven pocos autos incluso en zona céntrica. Se utiliza muchísimo la bici al punto de que abusan del espacio en la vereda (porque no circulan por la calle). Este es el único punto en contra. Es tan segura la ciudad que se ven las bicicletas estacionadas sin cadena o si están con candado no están atadas a ningún poste.

No es novedad que en general, en los países más desarrollados, el transporte público es masivo y de calidad.

Debo sacarme el sombrero, en Japón subámoslo a un nivel superior. Está hiperconectado, muy puntual y tal vez una larga lista de calificativos.
Lo resumiría como “es todo lo que debiera ser”.

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En esta ciudad tan masiva pareciera que las individualidades se desdibujaran un poco (puedo estar equivocado) pero tal vez lo que uno tiene es un concepto tergiversado de individualidad y desdibujado de comunidad.

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